En casa, con tiempo y una cerveza

Llevo unas semanas escuchando nuevos discos de grupos que ya conocía y uno de un artista que no. Este disco desconocido para mi es Dark Matter de Moses Boyd (Web oficial).

He llegado a él sin conocer nada de su existencia, ni artista, ni música. Alguien en Spotify lo estaba escuchando y me apunté el nombre para otro momento. Ha coincidido con que mi mujer me está regalando una colección de vinilos de Jazz, de Blue Note. Clásicos. Y estoy volviendo a recuperar este estilo que tenía algo olvidado (y, si, a mi me gusta). Con estos preliminares es comprensible que estos artistas, con lecturas nuevas sobre el jazz y sus fusiones, me saquen de mi zona de confort musical. Si además me sorprenden, siento la necesidad de dejar constancia.

De ahí esta entrada. Sencillamente decir que me Moses Boyd me tiene enganchado.

Sé que no estoy contando nada. De momento me conformo con tener pendiente su dúo de Jazz, Binker & Moses, y con escuchar este disco, mezcla de jazz, funk, pop, electrónica, rock, afrobeat, grime,…

 

 

(Yo) Nosotros nos quedamos en casa.

Pinceladas pendientes

Llevo una semana escuchando I’m New Here (2010) de Gil Scott-Heron y sus dos reinterpretaciones, We’re New Here (2011) por Jamie XX y We’re New Again (2020) por Makaya McGraven.

Primero he recuperado el de Jamie XX. Me gustan las bases y el tratamiento que le dio entonces. Llevándolas a su terreno. No me ha desagradado casi una década después.

Después he leído en El País que es poco más que un ejercicio mediocre que parte de un disco de Gil Scott-Heron que no está a la altura de sus grandes trabajos de los ’70, los de Gil, y que no aporta más que su efímero regreso. Me ha hecho pensar en castas culturales y en lo potente que son los prismas que todos tenemos. En cómo las sensaciones de unos son los desechos de otros. Pero principalmente me ha hecho querer pensar en el poeta, en el músico, en el personaje que debió ser Gil Scott-Heron. Y en la ignorancia. En la mía.

Después me he puesto el original, el de Gil Scott-Heron. El disco me ha gustado más todavía. Más de lo que recordaba. He olvidado a Jamie XX. Desaprendido el sonido asimilado y vuelto a lo básico. Me da un poco de respeto -miedo- acercarme a sus trabajos de otras décadas. Me he generado no pocas expectativas.

En su día me costó escuchar este disco. Salvo Me and The Devil. Fue la primera canción que recuerdo haber escuchado suya, consciente de quién era. Pertenece a su último trabajo acechado ya por los estertores de la muerte. Esa penumbra fue adictiva.

Por último me he puesto la última reimaginación. De este año, del 2020, una década después. Un concepto de ritmo menos electrónico y más propio bateristas y gentes del jazz. No quiero decir más clásico, el resultado es totalmente actual. Una búsqueda de sonidos nuevos a partir de herramientas anteriores. Interesante porque no sólo adapta las canciones sino que las dota de estos sonidos complementarios. Lleno de pequeños detalles. Ha ganado muchas posiciones.

En verdad no quería hablar de Gil Scott-Heron, para mi es un personaje a descubrir -este año espero-, sino de la mutación de los gustos. De cómo partes de los referentes conocidos -Jamie XX en mi caso- para volver a la esencia -Gil Scott-Heron, como no- y terminar en el menos probable -Makaya McCraven-.

De cómo dejarse llevar por lo que escuchas al margen de opiniones o modas. De cómo alimentar la curiosidad para saciar el placer. De cómo regalar tiempo al trabajo bien hecho y derogar el sello de caducidad. De cómo abrir la mente y querer. Siempre querer.

La revolución no será televisada, decía el poeta.