Si tienes unos años

Haciendo hueco. El último disco que he escuchado es The Night Chancers de Baster Dury (web oficial).

Es un álbum publicado en este mismo 2020. Me ha gustado. Algo más de media hora en el que hace gala de su voz profunda y su acento londinense, sonidos urbanos, nocturnos y en momentos hasta sensuales (supongo que si tienes una edad). A mi me ha hecho pensar en Brian Ferry y sus Roxy Music, en Donald Fagen y en grupos más actuales como Sleaford Mods y The Streets.

Baxter es hijo de Ian Dury. No creo que tenga más importancia para escuchar este disco o los otros 5 que tiene publicados. Es quién es y punto, por un lado le abriría puertas y por otro esas bisagras se accionarían bajo la sombra de las comparaciones. La vida misma. Pero había que mencionarlo.

Un buen disco para estar confinado.

El color equivocado

Elegía la ficha verde. Nos sentábamos en el suelo con las piernas cruzadas como indios. Yo elegía la azul y él la verde. Nunca confesó que no le gustaba ese color. Tirábamos los dados. Hacía trampas, muchas. Me engañaba al contar pero siempre para hacerme ganar o para no hacerme perder demasiado pronto. ¿Juego de azar?. Me enfadaba mucho cuando perdía. Celebraba en exceso cuando ganaba. Hoy en día sigo siendo así. No sé perder. No sé ganar. Recuerdo las risas. Hacer el tonto. Gritar emocionada. ¡No grites!. Volver al inicio. Contábamos casillas. Él sumaba. Contar era tan cansado. Yo arrastraba las fichas. Mi turno. ¿Dónde has estado desde entonces?. Una y otra vez me lo he preguntado. Una y otra vez jugábamos. Tres más seis son siete. Lo eran. Casilla final. También te enfadabas. No podías evitarlo. Pero volvías. El dado fuera del tablero no vale. Vuelve a tirar. Tira otra vez, ese número no es bueno. La vida no da segundas oportunidades. Nosotros si. Una noche no viniste a jugar. Saque el tablero de la caja y coloqué las fichas. La verde no. Use la roja. La partida no fue igual. Perdí. Perdí. Y volví a perder. Me tumbé en el suelo. Mirando al techo. Sume los dados. Nunca más me harías trampas. Ahora juego con las verdes. Tampoco me gusta ese color.

En casa, con tiempo y una cerveza

Llevo unas semanas escuchando nuevos discos de grupos que ya conocía y uno de un artista que no. Este disco desconocido para mi es Dark Matter de Moses Boyd (Web oficial).

He llegado a él sin conocer nada de su existencia, ni artista, ni música. Alguien en Spotify lo estaba escuchando y me apunté el nombre para otro momento. Ha coincidido con que mi mujer me está regalando una colección de vinilos de Jazz, de Blue Note. Clásicos. Y estoy volviendo a recuperar este estilo que tenía algo olvidado (y, si, a mi me gusta). Con estos preliminares es comprensible que estos artistas, con lecturas nuevas sobre el jazz y sus fusiones, me saquen de mi zona de confort musical. Si además me sorprenden, siento la necesidad de dejar constancia.

De ahí esta entrada. Sencillamente decir que me Moses Boyd me tiene enganchado.

Sé que no estoy contando nada. De momento me conformo con tener pendiente su dúo de Jazz, Binker & Moses, y con escuchar este disco, mezcla de jazz, funk, pop, electrónica, rock, afrobeat, grime,…

 

 

(Yo) Nosotros nos quedamos en casa.

Palabras rápidas

No perder la capacidad de emocionarse. Aunque tan sólo sean un par de veces contadas. Impedir que el tiempo nos robe el placer de sentir la música a través de la inocencia. Disfrutar. Sin más.

El sábado estuve viendo la gira Las Palabras Vividas de Quique González a su paso por Guadalajara.

He estado recordando desde cuándo escucho a Quique González. Aunque ya no es mi elección diaria, recurro a su música cada pocos meses. Son muchos años los que he convivido con sus discos. Y por extensión los he asimilado en momentos buenos de mi vida y en otros no tanto. Me ha salvado no en pocas ocasiones. Puede ser una tontería pero frases como ahora tendré que salir a buscarme alguien que me arranque de cuajo la pena me llegaron en el momento justo y a fe que le hice caso (costó, pero lo hice).

El trabajo que está presentando, nacido de las letras de Luis García Montero, es una perfecta delicia. Hasta este directo lo había escuchado sin mayor interés que el hecho de ser un nuevo disco de Quique González. Sin embargo, verlo en directo y apreciar los detalles que lo envuelven me ha hecho querer tenerlo (me lo he comprado) y querer seguir buceando es sus notas y en sus textos. Tengo la sensación que la música de uno se nutre de las palabras del otro y viceversa.

El directo es un caramelo para los fans. No sólo visitan Las palabras vividas sino que recorre -como es habitual- parte de su discografía, en otras tesituras. Alrededor de 2 horas de concierto con un setlist adecuado a teatros, en los que Quique se hace querer. Rodeado de grandes músicos (Diego Galaz, Cesar Pop, Toni Brunet, disculparme no recuerdo más nombre). Una máquina engrasada a la perfección.

Me ha transmitido hechuras de gran banda. He pensado en gente como Glen Hansard (y la calidez de sus directos), Van Morrison (por la idea de él, no le escucho en realidad), Bruce Springsteen (con sus sesiones en Dublin), Gary Moore (y -por ejemplo- su Parisienne Walkaways) o John Mayer (con la guitarra final de Slow dancing in a burnig room). Todo ello sazonado de americana menos fronteriza, bluegrass, tradición irlandesa en las cuerdas, poesía cotidiana y apuestas fuera de su zona de confort.

Un alto en el tiempo para simplemente gozar y dejar que la piel se erice y los recuerdos, agridulces, te vuelvan a susurrar que sin tu camino no serías quien eres.

Sin memoria no se puede mirar al futuro.