Anari & Thalia Zedek

Me gusta su crudeza en la voz. La que humedece los huesos. Me gusta el trasfondo melódico que endulza la crudeza inicial. Emociones desnudas, no exentas de belleza, quizás poesía. Me gusta que toda la intensidad que conlleva, todo ese peso, a mi me transporta a estados de tranquilidad. Como estar en medio del huracán deleitándote con el espectáculo sin pensar en el segundo después y no queriendo salir de ese engañoso remolino.

Hacía tiempo que no escuchaba a Anari. Anoche trasteando he llegado a Coupages#4, ediciones de 7″ publicadas por Bidehuts, en la que Anari y Thalia Zedek intercambian composiciones.

El resultado es estupendo.

Anari me parece de lo mejor que hay, en general. Pero he de reconocer que no tenía localizada a Thalia Zedek, con todos los kilómetros que lleva a sus espaldas. ¡Qué desconocimiento!. Siendo positivos, siempre puedo decir que queda sonoridad por descubrir. Por no reconocer la verdad, que sólo sé que no tengo ni puta idea.

… a lo Sócrates.

De niu ra

Hace unos días veníamos hablando de compositores, de creadores de canciones redondas. De aquellos con los que por edad hemos sintonizado más. Si no recuerdo mal veníamos escuchando a Santi Campos. Tanto a mi mujer como a mi nos gusta mucho. De como sus canciones tienen esa estructura perfecta que hace que quieras volver a escucharlas una y otra vez. Melodías y estribillos que se instalan en tu cabeza.

Irremediablemente en esa lista siempre aparece Ramón Rodríguez, The New Raemon.

Este año ha publicado nuevo disco, Coplas del Andar Torcido.

Por un malentendido, o discrepancia, o me has pillado con el día torcido, hubo un intercambio de mensajes desafortunados entre mi mujer y el bueno de Ramón. Él no se acordará. A nosotros a veces nos sirve para iniciar conversaciones sobre el hecho artístico y la realidad humana de cada persona. Es decir. Sobre lo gilipollas que podemos llegara  a ser todos y sin embargo las cosas bonitas que podemos hacer de vez en cuando. Aunque la mayoría de las veces nos echamos unas risas y ya.

Con artistas todo se magnifica.

¿Por qué lo menciono?. Mi mujer prometió no gastarse más dinero en The New Raemon, y a fe que ya teníamos discos suyos y hemos ido a numerosos conciertos. Pero yo tengo principios y si no gustan tengo otros, que diría uno de los Hermanos Marx, y, sobre todo, me importa bastante poco lo que pasa en twitter (fue ahí), por lo que nos hemos comprado su nuevo disco. Léase, lo he comprado y punto.

El muy cabrón lo hace todo -o casi todo-bien, muy bien. Perdonadme la confianza.

Este séptimo disco está entre sus mejores. The New Raemon es un gran cronista de lo cotidiano, del paso de los años y como la edad te va dando y quitando miedos. No hablo de tristeza, sino de serenidad y belleza. Envuelve el dolor de dulzura. Siempre me ha resultado hermosa la derrota, el sufrimiento y el olvido. Si me vas a hacer sufrir, hazlo con palabras bonitas.

Si no me equivoco, creo que se ha divorciado y, sin entrar en su vida personal que es suya, no debe ser un plato de buen gusto. Si además añadimos estos últimos meses sazonados por la pandemia, se crea un caldo propicio para la creatividad. Es una máxima que se cumple con demasiada frecuencia. Está jodido, va a hacer un buen disco, uno mejor…

 

 

Ya son muchos años con su música, nos gusta y nos gustará.

Por armonías pop

Este año nos quedamos sin festivales y sin casi música en directo por causa mayor. No hace falta ni mencionar la pandemia global y sus consecuencias de momento a corto plazo.

Muchos festivales están confirmando la casi total de su cartel para el año siguiente y otros añaden o restan nuevos nombres. El Gigante de Guadalajara, perdón, ahora Alcalá de Henares, ha confirmado a Teenage Fanclub.

Me han dibujado una sonrisa. Son un grupo que he escuchado con cierta regularidad, sin ser de mis grupos favoritos, hasta que les vi en directo y un amigo me dijo que me iba a quedar flipado con la melodía de sus guitarras. Aseveración solamente válida si te gusta este estilo. Y a fe que lo hice, a juzgar por la de veces que me sorprendieron con la boca abierta. Tal cual.

En esta línea de grupos están Dropkick. Creo que no les gusta que se les etiquete en el mismo estilo que los Teenage, pero a mi -también- me recuerdan mucho a ellos. Los descubrí a través del sello Rock Indiana, fuente de buena música.

De todos los discos que ya cuentan en su haber, les he escuchado sobre todo Time Cuts The Ties y Balance The Light.

Si con Teenage Fanclub me rallé en su día con Mellow Doubt y no descarto volver, hay canciones que por lo que sea las añades a tu memoria, con Dropkick he cogido cariño a Everything Changes.

Soplos de melodías pop para las noches de verano.

¿Demasiada música para una vida?.

Besos, son sólo besos

Debería preguntarlo.

Acercar tus labios a los suyos, sentir su humedad, reaccionar a sus movimientos, encajar, liberarse, morder, dejarse llevar, sorprender, querer, no querer, comulgar con el placer, traicionar, acariciar, susurrar… o simplemente besar en la mejilla. Cheek to cheek. No hay dos iguales ni besamos a dos personas de la misma manera. Podemos vestirlos de cariño, de amor, de lujuria, de traición, de todo aquello que queramos hacer saber o esconder. Los besos nos unen y nos separan.

Necesitamos tocarnos. La piel forma parte de nuestra identidad. Quizá por ello el distanciamiento social nos cuesta. Y no nos engañemos. Nos cuesta con la gente que es cercana, muy cercana. Demasiados días de confinamiento aislados de mucha gente querida. Días en los que nos hemos dado cuenta de las pequeñas cosas que son tan importantes y que -me temo- olvidaremos en cuanto la rutina se imponga y el recuerdo de estos días no esté sazonado de miedo e incertidumbre.

Mientras, nos bombardean con mensajes sobre cómo ha cambiado nuestra realidad y de cómo deberemos adaptarnos a esta nueva normalidad. Sin embargo, en casi todas las conversaciones que presencio siempre se anhela volver a lo que teníamos. Mantenemos la fe en volver, volver a tomarnos unas cervezas en el bar -como antes-, volver a irnos de vacaciones -como antes-, volver a quedar con nuestros seres queridos -como antes- e incluso volver a trabajar, si, como antes.

Reír.
Compartir.
Tocarnos la piel.

No sé vosotros, peo yo no tengo tiempo de pensar más allá del mes siguiente, aunque me inquieta. Mi día a día no me permite tener días grises, ni tomarme un respiro para lamentarme. Recuerdo años en los que me he recreado en mis desgracias. Sólo con las distancia he tenido perspectiva del tiempo que malgasté -y no volverá- y sobre todo de las personas que no supe o pude dejar entrar en mi vida.

Nunca más.
Esta puta situación ya nos ha robado muchos besos.

No son tantas las personas a las que queremos de verdad. Recuperar sus besos no es un plan tan imposible. A largo. A medio. A corto plazo.

Al resto, distanciamiento social.