Los audiovisuales, las canciones, sus grandes canciones, el público entregado con edades entre los treinta y los cuarenta, respetuoso y en silencio, sin aforo completo del todo, pero suficiente para estar la plaza llena y uno a gusto en tercera fila. Se reunían todos los elementos para ser una noche inolvidable y al final me queda cierto regusto incompleto, porque en ningún momento se me erizó la piel, el mejor medidor de emociones.
No puedo ponerle ni una pega al sonido, ni al grupo, por mucha espalda que nos mostrara Beth, simplemente no me encandiló. La perfección que de virtuosa olvida por qué estaba allí.
Según añado horas a mi memoria, canciones como Roads, Cowboys, Glory box, Sour times, The rip, Wadering stars, Machine gun, Over... cobran fuerza en mis recuerdos y las atmósferas que debiera haber sentido encuentran su sitio. Ellas tienen vida. Nunca he dudado que Portishead son grandes, símplemente no me pareció una noche brutal. El tiempo va a jugar a su favor. Terminar con We carry on es un buen negocio. Después la noche de San Juan...
¡Qué difícil es no dejarse llevar ni por las expectativas, ni por el fanatismo de unas canciones que forman parte de tu vida ni por la inexistente objetividad!. Nunca fue bueno enredarse para decir que algo estuvo muy bien, pero no fue sublime.
Un árbol, un libro y un hijo menos por hacer.













