Las ideas preconcebidas, como las expectativas, no son un buen compañero de viaje y en ocasiones hay que estar dispuesto a dejarlas a un lado y dar a cada situación su oportunidad. No todas las personas están dispuestas a ello, ya no digo preparadas. Como una segunda piel que cubre tu cuerpo y desechas, dejando sus restos inservibles en el suelo juto a la butaca.

El sábado pasado vimos
La piel que habito. Iba casi decidido a no dejarme convencer, independiéntemente de que me gustase o no. Sentando los precedentes: no soy fan acérrimo de las Películas de Almodovar, soy de los espectadores que me he acercado a su cine a partir de
Todo sobre mi madre y con experiencias muy dispares, desde la pasión absoluta hasta la desidia más anodina; Y sobre todo, partía con el lastre de haber leído
Tarántula no hace mucho tiempo. Digo lastre porque el libro me enganchó totálmente
Con tales precedentes me daba más que miedo ir a ver la nueva película de Almodovar. Sin embargo he salido satisfecho del resultado. Mentiría si dijera que no he disfrutado del film.
Si aceptáis un consejo, yo
leería primero el libro y sin intentar adivinar la trama, dejándome seducir por él y sin acotarlo a las imágenes propias de la película. La imaginación se ve mermada cuando le damos el trabajo hecho y dirigido hacia uno u otro lugar.
Después, ver la película. El cómo, vosotros elegís, yo hice lo siguiente. Desde los primeros planos olvidé que había leído Tarántula y es lo mejor que pude hacer. Estará inspirada pero no tiene nada que ver. Almodovar deja a un lado la angustia, la intriga, la evolución del personaje (de los personajes) a nivel personal, para construir un relato más físico y
contenido, repartiendo la carga dramática y haciéndola menos directa, ampliando la historia, y en el que se
insinúa más de lo que se muestra.
Tengo la sensación de que no es una película que vaya a gustar a todos los públicos, de ahí la disparidad de críticas. Entramos en la discusión de siempre, hay que interesarse primero por lo que uno va a ver y no dejarse llevar sin más, así nos evitamos muchas decepciones. Para mi
Almodovar arriesga, dentro de lo que es la coherencia cinematográfica de
su mundo, porque tiene un mundo propio, a estas alturas es ya algo obvio, y arriesga no con imágenes explícitas, sino con historias, con gestos, con comportamientos,
cuestionando la moralidad. Sino pensar en la trama.
Volviendo a la película,
le sobra metraje, una media hora. Esta opinión está muy generalizada entre todas las personas con las que he comentado la película. Es una idea que me interesa, porque Almodovar es muy metódico y perfeccionista, casi obsesivo (no hay más que ver los planos cuidados que usa o la decoración tan exacta y lineal), y sin embargo dota a su película de más tiempo del que muchos creemos que necesita.
También me soprendió todas las veces que enfocó a
Concha Buika, para mi excesivo e innecesario, no así la canción que interpreta, está elegido a la perfección. Almodovar cuida mucho la música de sus películas. Lo mismo sucede con El tema de
Trentemøller, Shades of marbles. La banda sonora -
score- corre a cargo de
Alberto Iglesias, está esculpida a la medida de las imágenes. Como se suele decir, sus composiciones son un actor principal más. Es un grande.
Tampoco me termina de convencer el acento brasileño (y por extensión el personaje) del
leopardo, aunque supongo que es el toque
almodovariano y fijarse a este nivel de detalle ya es rizar mucho el rizo.
Dicho esto, técnicamente la película es impecable. Me gustó la iluminación y la ambientación, tanto la casa como los lugares elegidos
vienen como anillo al dedo. Más de un plano son de una belleza muda y un contraste que te deja las pupilas dilatadas, casi todos relacionados con el rostro de
Elena Anaya, envueltos en una belleza distante. Otros te recuerdan (son guiños a) a películas suyas anteriores, como el plano cenital de Antonio Banderas durmiendo junto a Elena Anaya. Mención para ambos actores, y para el resto. Todos ellos creíbles y con un gran trabajo.
Almodovar sabe sacar lo mejor de cada uno de ellos.
Almodovar ha filmado quizás su película más universal.