El día de hoy ha llegado porque hace 25 años, doce profesionales de nuestro cine, en medio de una crisis tan grave como la nuestra, caminaron juntos a pesar de sus diferencias. Quiero empezar este discurso felicitando a los fundadores de la Academia.
No sólo ellos, sino todos los que me han precedido en esta institución, vicepresidentes, miembros de las juntas directivas y el conjunto de los académicos, nos han traído esta noche aquí, al Teatro Real, para celebrar el 25 aniversario de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y la existencia misma de los premios Goya. A todos, muchísimas gracias. Puede parecer que llegamos a este día separados, con puntos de vista diferentes en temas fundamentales. Es el resultado de la lucha de cada uno por sus convicciones. Y nada más. Porque en realidad, todos estamos en lo mismo, que es la defensa del cine.
Quiero por ello felicitar y agradecer a todos los que estáis aquí, por caminar juntos en la diferencia, y hasta en la divergencia. Hacemos mucho ruido, pero es que esta vez, hay muchas nueces. El choque de posturas es siempre aparatoso y tras él surge una nube de humo que impide ver con claridad. Pero la discusión no es en vano, no es frívola y no es precipitada. No podemos olvidar lo más importante, el meollo del asunto. Somos parte de un Todo y no somos nadie sin ese todo. Una película no es película hasta que alguien se sienta delante y la ve. La esencia del cine se define por dos conceptos: una pantalla, y una gente que la disfruta. Sin público esto no tiene sentido. No podemos olvidar eso jamás.
Dicen que he provocado una crisis. Crisis, en griego, significa “cambio” y el cambio es acción. Estamos en un punto de no retorno y es el momento de actuar. No hay marcha atrás. De las decisiones que se tomen ahora dependerá todo. Nada de lo que valía antes, vale ya. Las reglas del juego han cambiado. Hace 25 años, quienes se dedicaban a nuestro oficio jamás hubieran imaginado que algo llamado internet revolucionaría el mercado del cine de esta forma y que el que se vieran o no nuestras películas no iba a ser sólo cuestión de llevar al público a las salas. Intenet no es el futuro, como algunos creen. Internet es el presente. Internet es la manera de comunicarse, de compartir información, entretenimiento y cultura que utilizan cientos de millones de personas. Internet es parte de nuestras vidas y la nueva ventana que nos abre la mente al mundo.
A los internautas no les gusta que les llamen así. Ellos son ciudadanos, son sencillamente gente, son nuestro público. Ese público que hemos perdido, no va al cine porque está delante de una pantalla de ordenador. Quiero decir claramente que no tenemos miedo a internet, porque internet es, precisamente, la salvación de nuestro cine. Sólo ganaremos al futuro si somos nosotros los que cambiamos, los que innovamos, adelantándonos con propuestas imaginativas, creativas, aportando un nuevo modelo de mercado que tenga en cuenta a todos los implicados: Autores, productores, distribuidores, exhibidores, páginas web, servidores, y usuarios.
Se necesita una crisis, un cambio, para poder avanzar hacia un nueva manera de entender el negocio del cine. Tenemos que pensar en nuestros derechos, por supuesto, pero no olvidar nunca nuestras obligaciones. Tenemos una responsabilidad moral para con el público. No se nos puede olvidar algo esencial: hacemos cine porque los ciudadanos nos permiten hacerlo, y les debemos respeto, y agradecimiento. Las películas de las que hablamos esta noche son la prueba de que en este país nos dejamos la piel trabajando. Sin embargo, el mismo esfuerzo o mayor hicieron tantas otras películas que no han llegado a los sobres de las candidaturas. Ellos tambien se merecen estar aqui, porque han trabajado igual de duro que nosotros.
Quiero despedirme en mi última gala como presidente, recordando a todos los candidatos a los Goya tan solo una cosa: qué más da ganar o perder si podemos hacer cine, trabajar en lo que más nos gusta. No hay nada mejor que sentirse libre creando, y compartir esa alegría con los demás. Somos cineastas, contamos historias, creamos mundos para que el espectador viva en ellos. Somos más de 30.000 personas que tienen la inmensa suerte de vivir fabricando sueños.
Tenemos que estar a la altura del privilegio que la sociedad nos ofrece. Yo creo, con toda humildad, que si queremos que nos respeten, hay que respetar primero.
Y por último, me gustaría contarle algo al próximo Presidente de la Academia, que ya me cae bien, sea quien sea: estos han sido los dos años más felices de mi vida. He conocido gente maravillosa de todos los sectores de la industria. He visto los problemas desde puntos de vista nuevos para mí, lo que me ha enriquecido y me ha hecho mejor de lo que era. He comprobado que trabajar para los demás es una experiencia extraordinaria por muy duro que resulte en un principio, y sobre todo: han pasado 25 años muy buenos, pero nos quedan muchos más, y seguro que serán mejores.
Buenas noches.
He puesto el discurso de Alex de la Iglesia ancohe en la gala de ceremonia de entrega de los premios Goya porque independiéntemente de que estemos más o menos de acuerdo con todo él, tiene un caracter conciliador y busca entendimiento y consenso. Y sobre todo, destierra esa idea, impuesta por a quienes interesa, de que existen dos bandos enfrentados, en conflicto en su acepción más negativa. La cultura no es ni nuestra ni de los creadores, es potestad de todos. Como se dijo, internet no es el futuro, es el presente... y no se puede negar lo evidente ni luchar en contra de lo inevitable.
En cuanto a la gala en sí, empezó bien y termino con un toque insipido. No creo que pase a la historia de los espectáculos de entretenimiento, pero tampoco fue lamentabe. Varios momentos a destacar, el discurso ya mencionado, un par de bromas de Buenafuente (sólo un par, que el resto no encontró su sitio -para mi- y tampoco me convence últimamente, el resto correcto), el número músical, lo inconexo de Karra (amor/odio) y la emotividad de Maragall (y los premiados que se emocionaron sinceramente). Amen de la retransmisión tuitera de Vigalondo (... y el resto de tuiteros que dan más sabor a las retransmisiones).
En cuanto a las películas premiadas o no premiadas, no tengo nada que decir porque sólo he visto Lope y me parece mala, sin paños calientes. En el último año he visto cuatro o cinco películas en el cine y la mitad eran españolas, lo aclaro porque no había visto las nominadas porque sean españolas o no, sino porque no voy al cine. Es un hábito que he perdido y cuyo debate pertenece a otra entrada.
Antes de la gala, se manifestaron fuera en contra de la ley sinde. Es un derecho el poder manifestarse, con respeto, el mismo que pedía Alex de la Iglesia tanto para unos como para otros. No comparto el acto de tirar huevos porque no me gusta y punto, ni que se abuchee indiscriminadamente como desde casa me parecía que sucedía, sino fue así, retiro la frase. Lo digo porque se abucheo a gente como Maragal, ¿por qué?. Repito, sino estoy bien informado, gustósamente retiro este párrafo (que no borrarlo de la entrada).
En cuanto a la transmisión de tve me pareció lamentable el tener que sufrir reportages intranscendentales mientras nos perdíamos
la fuerza del directo y la alfombra roja. Reportajes al estilo más casposo y humorblanquista. No me gustan, lo siento, bueno no, no lo siento, no me gustan. No sé si hubo o no censura, pero la verdad es que el ruido de las protestas se suavizó (u omitió) en la emisión en directo, no en el streaming. Aunque el streaming sufrió cortes en su transmisión, cortes susceptibles de ser mal interpretados. Sólo escuché a Carlos del Amor hacer dos preguntas al respecto, una al presidente de la academia y otra a la ministra, y no resultó violento. Aunque uno se mojó y la otra echó balones políticos fuera.
También fue un poco penoso que durante el reconocimiento a los que ya no están, la realización intercalara planos medios -alejados- que no dejaban ver a quien se rendía homenaje. Sin palabras.
Y como ya he dicho mil y una veces, de Jorge Drexler no hablo.
Enhorabuena a los premiados, que al fin y al cabo son los protagonistas de la gala.