02:24. Vuelvo a mirar el reloj. Pequeños segmentos rojos sobre fondo negro que me recuerdan que estoy despierto. Odio mi despertador. Elegí el más feo que encontré. Ella no lo entiende, pero equilibra mi necesidad. Necesito saber que existe todo aquello que detesto por y para dar sentido al resto, en especial a ella. Miro el reloj. 02:24. ¿Cuántas vidas caben en el insomnio?.
Recuerdo la primera, la más bonita, en la que tú y yo jugábamos a imaginar sonidos. Sobre todo las noches de tormenta. Te asustaban tanto que rozabas el pánico con los párpados. Hablo en singular porque me da vergüenza reconocer que a mi también me daban miedo. Más mi temor era un eco del tuyo, fiel reflejo de tu malestar. Cuando el viento impaciente llamaba a nuestra ventana y la lluvia producía millones de notas discordantes. Esas noches tu pegabas tu cuerpo junto al mío como si no hubiera espacio entre nosotros. Empezabas a temblar y yo te abrazaba. Te sujetaba junto a mi pecho. Nunca confesé que así calmaba mis nervios. No lo hice porque también saciaba mi placer. En la línea que separa lo valiente de lo cortés nace el néctar de la lujuria.
Tú sonreías tímidamente con tus ojitos negros expectantes, deseando estar en otro día, no en otro lugar ni con otra persona, sino en otro día, soleado, con brisa y junto al mar. Yo decía “¿Jugamos?”. Empezabas tú. Siempre has tenido más imaginación que yo, o por lo menos más limpia, más llena de esperanza. “El viento trae un mensaje de su amor. Él es marinero y el mar, celoso de su belleza, lo reclamó para ella”. Sabías que te iba a interrumpir, era parte del juego, sus reglas, su mecánica, su gracia. “¿Desde cuándo el dios del mar es ella?”. Y te hacía cosquillas, por hortera y por cursi, mientras me recriminabas mi poca seriedad y conseguía que te olvidases de la noche. “Ella sabe que el viento es su amigo y por eso cuanto más le necesita, más fuerte llama”.
Algún ruido te distraía, un trueno, una rama suelta o la persiana de madera contra la fachada. Te encogías al oír el golpe del viento estremeciéndose con ira. “Una prueba de amor”. Respondía yo velózmente. Unos segundo de espera y después imaginaba yo. Historias de enanos funambulistas que habían perdido a sus hermano siamés convertido en viento o ladrones de lágrimas que con ellas alzaban escaleras al cielo por las que subir y robar plumas de ángeles con las que a su vez decorar el cabello de quienes estuvieran enamorados. La noche transcurría y los miedos se quedaban en la penumbra, lejos del sol. Todavía son las 02:24.
No distingo cuantas vidas separan mis juegos de tus realidades, ni cuantas he viajado para llegar a ti. Elijo las que quiero. Ahora duermes a mi lado, a las 02:24 de la madrugada. Respiras suavemente, casi de manera imperceptible. Me has robado la sábana y te doy gracias por ello. Se ajusta a tu cuerpo como sino conociera otra forma de vida. Igual que me sucede a mi contigo. Eres mis pulmones y yo el aire que una y otra vez quiere entrar en ti. A través de mis pupilas rojas por el sueño y dilatdas por el cansancio observo la figura de tu cuerpo. No te toco, sólo recorro el horizonte de tu piel con la palma extendida de mi mano a dos centímetro de tu vigila. Duermes plácidamente. Mis celos se llaman Morfeo. Quiero ser quien te cuida aquí y en donde estés, sea de este mundo o de otro, exista o no, me lo invente o me lo imagine. Giras en la cama y te acurrucas junto a mi. Sigues dormida. Es un acto involuntario. ¿Me buscas en tus sueños?. Entre en ellos.
Me has despertado. Un golpe con la pierna me ha devuelto a la noche. 02:24. Tengo la sensación de que conocía la hora antes de mirarla. Froto mis ojos. Estoy viviendo en cinemascope, dos o tres centímetros de visión. Pareces algo más alta. Enciendo la luz de la mesilla lo justo para poder verte. Estás igual de guapa que anoche, pero no eres tú. La misma sensación de antes me invade. Tu cuerpo, tu cara, tu pelo, tu olor, tú. Pero no eres tú. Vivo con ella, con otra mujer. La respuesta existe antes que la pregunta. Más sensaciones, todas iguales. Tú y yo rompimos. Tú por tu camino y yo por el de los dos. Mi vida sin ti es mi vida con ella, mi vida sin mi. Nadie puede cuantificar la felicidad ni medir los grados de desviación de la desdicha. Hoy soy feliz, no puedo negarlo. ¿Cuán feliz soy?. La sensación vuelve.
Definitivamente estoy desvelado. No recuerdo por qué te escribo. No recuerdo qué pensamientos erraban por mi cabeza. No sé por qué te escribo. No te conozco. No te he visto nunca. No he reído contigo. No he llorado. No he sentido. No te he fallado. No sé quien eres. No me importa cómo es tu vida. No me preocupa lo que te suceda, sí es bueno o malo. No te busco. No te añoro. No te olvido. No te recuerdo. No te invito a un café. No escucho música contigo. No te deseo. No es otra hora diferente, son las 02:24. Esta es la vida en la que no existes.
¡La vida en la que no existes! No existes. No existes. No exist... ¿Por qué seguir escribiendo?.
Son las 02:25.