Filas de casas se derrumban bajo mis pies. Inseguro de mi camino no me detengo a contemplarlas, tantas vidas bajos sus escombros, pero ¿quién me salvará?.
Puedo sentir sus manos azules tocándome, acariciando mi cuerpo sin pudor, mezclando dolor con necesidad.
Todo aquello en posición, perfección que me destroza el alma. Perdemos la belleza de la improvisación.
Todo aquello que un día engulliremos al completo. Traguemos sin concesión, sin percatarnos de que es es puro,
y desvanecernos otra vez, desvanecernos.¿Qué podemos hacer?, ¡pedir ayuda!, ¿a quién?.
La máquina no va comunicar, nuestra propia egolatría ha rebosado, ha trascendido a su dueño, no trasmitirá
estos pensamientos y esta presión a la que estoy sometido. La raza, la vida en la ciudad, respirará nuestro llanto.
Ser un niño global, crear un círculo, aquí y en cualquier lugar, sin diferencias, sin distancias,
antes de que todos nos hundamos. Saber estar unidos compartiendo un sólo corazón
y desvanecernos otra vez, desvanecernos.Pero el sentido de supervivencia es fuerte y la reacción inesperada.
Huevos rotos, pájaros muertos, posibles en los extremos del alma,
gritan mientras pelean por sus vidas. ¿Acaso no lo harías tú?. En ese instante en el que la duda silencia
puedo sentir la muerte, puedo ver sus ojos pequeños y brillantes, algunos dirían malvados.
Todo en posición. Orden que no altera al caos ni vence al mal.
Todo lo que un día engulliremos en su totalidad, todo no podrá evitar nuestro destino, presenciarlo
y desvanecernos otra vez, desvanecernos.Mi epílogo es sencillo,
sumerge tu alma en el amor, puedes no creerme, pero no lo esconderé,
sumerge tu alma en el amor.